Las palabras que usamos y repetimos para las marcas son parte de la historia del ser humano, aunque es verdad, la especialización en nombrar de manera profesional un producto o servicio es relativamente nueva.  

El objetivo del “naming” –buscar y poner nombre a una marca- es llegar al cliente por medio de sensaciones que vayan de acuerdo a lo que se quiere vender.  Calidad, elegancia, limpieza o aventura son algunas de las cualidades que se pueden transmitir en el nombre de un producto antes de haber sido probado.

El humano desde que existe, tiende a poner marcas a lo largo de su vida para trascender y dejar huella de su creación. Así las pinturas rupestres, las vasijas para tomar vino en el imperio romano llamadas “vesuvinum” y hasta los arquitectos de construcciones antiguas religiosas quienes marcaban las piedras con sellos han sido algunos rastros que el hombre ha dejado en su camino.

Pero es hasta la revolución industrial cuando la competencia entre marcas se empieza a especializar en el “naming”. Ponerle nombre a los productos sirve para diferenciarse entre sí.

La decisión de compra del cliente final hace que se desarrolle la especialidad de mercadotecnia, que va desde analizar los mercados hasta sus comportamientos de consumo.

El “marketing” se ha tornado masivo, la producción industrializada y estandarizada sustituyen al modelo familiar y artesanal. Los mercados se han ampliado desde entonces.

¿Sabes cuál fue la primera marca registrada?

La compañía de cerveza británica, Bass & Company, defiende que su marca, que consistía en un triángulo rojo, fue la primera marca registrada mundialmente. La realidad es que es algo difícil de comprobar debido a que en otros lugares del mundo también se comenzaba a tener valor registrar la marca de tus productos para lanzarlos a un mercado en busca de sus beneficios.

Independientemente de la edad que tengamos es muy probable que nos suenen marcas como: Aspirina, Cola Cao, Coca Cola, Nestlé, BMW,… quizás no hayamos adquirido sus productos, pero sin darnos cuenta forman parte de nuestro ideario, incluso seríamos capaces de hablar de sus propiedades gracias a la publicidad que recibimos de ellas. Hemos crecido rodeados de marcas sobre las que hemos volcado nuestra “confianza” y hoy contamos con más a diferencia de otros tiempos. Éstos proyectan nuestra personalidad cuando las tenemos con nosotros; MTV, Apple, iPod, Tuenti, Facebook, Pull&Bear, Diesel, Munich, son tan sólo algunos.

Nombres famosos, nombres que hicieron historia, nombres universales…
Hablemos un poco de historia y de Naming. Todo empieza con un nombre. El nombre no es un adorno; el nombre nos define como personas, nos da identidad. Es factor decisivo en la construcción de nuestra personalidad. Un nombre puede estar colmado de contenido; o desoladamente vacío. Nos permite ser referentes, recordados, inmortalizados.

Por eso, definir un nombre es una decisión trascendental, así se trate de tu primer hijo, de tu mascota o de tu negocio.

Por: @ToroPinto